lunes, 15 de diciembre de 2008

La Figura I

Pasos lentos, mirada al suelo como siempre. ¡Es bella¡ dicen al verla, pero ella se rehúsa a pensar que es así. Al mirar la luna la muchacha triste lloraba. Lágrimas impares emergían de sus ojos sin saber porque. ¿Estaré bien? Se preguntaba mientras divisaba en el cielo las figuras que formaban las estrellas. Sin querer, recordó cuando viajaba de pequeña a la finca de su abuelo. No había visto cielo más hermoso que el de esas noches.

En las tardes campestres, su abuelo, siempre inventaba algún cuento que ponía a pensar a todos los presentes. Ella nunca lograba resolver las adivinanzas, ni las sumas ni restas que el “Don” dejaba al aire. ¡Soy bruta! Pensaba, y frustrada corría a buscar algún animalito que anduviese por ahí.

Una estrella fugaz interrumpió su pensamiento, sonrió “deseos” pensó.
-¿Que le hará creer a la gente que con pedirle un deseo a una estrella se cumplirá? son cursilerías- Se dijo molesta.- Se levantó y entró a la casa.
Subió directamente a su cuarto, no tenía ganas de ponerse a discutir por algún plato sucio en la cocina, o por si alguien dejó algún zapato tirado en la sala. Solo quería estar sola. Abrió la puerta de la habitación, como siempre su cuarto era un desastre, pero no tenía ánimos de ponerse a limpiar. Se echó en la cama, cerró sus ojos, e inmediatamente se quedó dormida. Soñó.

Desde las escaleras superiores de un gran edificio residencial Andrea esperaba a que su mascota terminara de hacer sus necesidades fisiológicas.
-¡Sasha date prisa!- Le gritó al mismo tiempo que reía enternecida.
Después de unos segundos la cachorra corrió rápidamente a buscar a su dueña pero ella ya no estaba.

Pasaron dos horas cuando por fin la joven abrió los ojos, su visión era borrosa, levantó la cabeza intentando ver algo pero todo estaba oscuro, de repente divisó la figura oscura de un hombre que le amenazaba.
-¿Quién eres? ¿Qué quieres?- Gritó desesperada.
-¡Te quiero a ti!
El hombre lentamente se fue acercando, mientras Andrea se esforzaba por no perder el conocimiento, pero sus ojos lentamente se iban cerrando. El hombre colocó sus manos en los muslos de la joven y la haló fuertemente hacia el. Pero Andrea ya no sabía de sí...